>Historias de luchas de los pueblos indígenas argentinos

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El pueblo kolla de pie

Por Luis María Zapiola
Investigación periodística Eulogio Frites
Fotos: Tte. Bertonasco y Atahualpa Yupanqui

Fuente: http://www.pueblosindigenas.org/malon.htm

En mayo de 1946 se vivían en la Argentina tiempos de cambio y de aspiraciones de justicia social. Los trabajadores argentinos menos de un año antes habían protagonizado la jornada del 17 de octubre.

En Jujuy y Salta, las comunidades del pueblo kolla vieron en esta etapa política la posibilidad de concretar sus demandas de propiedad de los territorios que por legítimo derecho del correspondían.

Casi al terminar su gobierno, Hipólito Yrigoyen buscó, con el paternalismo estatal que caracterizó la época, resolver el problema de los territorios indígenas mediante expropiaciones. Pero la dictadura militar de 1930 sepultó esos proyectos.

El 31 de agosto de 1945 un numeroso grupo de dirigentes indígenas de la Puna, solicitó por nota al entonces Consejo Agrario Nacional que se restituyesen las tierras al dominio de las comunidades aborígenes, conforme la ley 880 de 1930 y la ley 1835: “Nuestros padres, al igual que el resto de los argentinos en la República, han derramado su sangre por la causa de nuestra independencia. Sin embargo, La Constitución Nacional no rige para nosotros los aborígenes. Desde que fuimos despojados de nuestras tierras, hemos perdido la condición de hombres libres. En nombre de Dios rogamos a usted que nos libre de la esclavitud, expropiando la tierra y devolviéndola para el uso y goce de las comunidades indígenas, como lo establece la ley de 1835”. El organismo gestionó ante la Secretaría de Trabajo y Previsión apoyo y fondos para realizar los estudios para la expropiación. El 17 de enero el presidente Farrel dictó el Decreto de Expropiación. Pero el engaño estaba en marcha… ese mismo año el Consejo Agrario Nacional pasó a depender del Banco de la Nación, dirigidos por “apellidos” contrarios a la expropiación. Ellos demoraron la concreción de las expropiaciones e incluso la autorización para depositar un cheque que ya estaba firmado.

Un nombre resalta en esta lucha, el del teniente de ingenieros retirado Mario Augusto Bertonasco. Trabajó junto a los mapuches en el wallmapu por sus reclamos territoriales y posteriormente se trasladó a Jujuy y a Orán, en Salta. Al ver la miseria de esos indígenas que el estado considera argentinos que lo son solo a la hora de votar, comenzó a organizar entre los puneños y vallistas, un malón que el denominó “El Malón de la Paz”, cuyo objetivo era caminar hasta Buenos Aires para pedir que la justicia social alcance a los pueblos indígenas del norte argentino. Con fe en la Pachamama se dispusieron a marchar al son de la quena y la caja.

El malón tuvo su punto de partida el 15 de mayo de 1946 en Abra Pampa en Jujuy, pasando por Casabindo, Colorados, Tumbaya, Volcán, Yala y Jujuy, donde arribaron el 24 de mayo. Allí se les unió la otra columna de hermanos kollas que venía de Orán (Finca San Andrés) y de Iruya (Finca Santiago). los salteños venían en mulas. Los puneños venían a pie. En total fueron 174 caminantes. El 26 de Mayo, partió el malón rumbo a Salta y luego a Tucumán, donde arribaron el 9 de junio , apoyados solidariamente por los trabajadores. El 22 de junio arribaron a Córdoba y luego a Rosario. Entre ellos caminaba Ascencio Miranda, de 86 años de edad, y Narcizo López, de entonces 7 años.

En Pergamino se creó una Comisión de Vecinos para recibirlos, juntando alimentos y ropa para que el resto del camino a la Capital se realice sin problemas. A Pergamino arribaron el 21 de julio, siendo recibidos por sesenta mil personas, las autoridades municipales y agricultores del lugar.

Se realizó un asado en la Comisión de Fomento del Barrio Centenario organizado por la Sociedad de Agricultores Arrendatarios e Hijos de Pequeños Propietarios pro Reforma Agraria. Estos campesinos de Pergamino, idearon por esto una marcha similar a Buenos Aires destinada a resolver su situación de explotación como arrendatarios. El presidente de la Sociedad de Agricultores Arrendatarios, dirigió un telegrama al Presidente de la República que decía: “Agricultores zona norte de la provincia de Buenos Aires y pueblo de Pergamino, en manifestación pública de sesenta mil personas, confundidos con nuestros hermanos coyas en el día de la fecha pedimos se les entregue sus tierras de la Puna a estos argentinos netos. Y los agricultores se esta zona solicitamos la prórroga de los arrendamientos hasta el año 1950 y que se nos de estabilidad .



El Malón de la Paz en Luján, 30 de julio de 1946.

Llegaron a Luján el 30 de julio de 1946. La recepción que tuvieron fue multitudinaria. Eran abrazados por cientos de brazos de vecinos que los recibieron. “Cuatro siglos habían tardado esos abrazos en llegar hasta ellos”(Diario Ahora). El 1 de agosto pasan por Merlo, recibiéndolos también una multitud.

Antes, el 10 de julio los indígenas Valentín Zárate y José Nievas concurrieron al Congreso de la Nación, adelantándose a la caravana, los recibió el presidente de la Cámara de Diputados Le expresaron que “Aquellas tierras fueron de nuestros bisabuelos. El señor Patrón Costa se apoderó de esta de su propiedad y las incluyó en sus tierras sumándolas a no pocas hectáreas. Tenemos que pagar un peso cincuenta por cabeza de ganado, y otro tanto por cada planta de naranjo que cultivamos. La producción apenas alcanza para nuestras familias, si se muere una vaca o se seca una planta igual nos cobran el “impuesto” durante cinco años”…. “Nos pagan un peso cincuenta por cada mil kilos de caña que pelamos y que a veces demandan tres días de labor. Es decir, que ganamos un peso cincuenta por día. No es posible negarse, porque entonces aparece la policía del Ingenio con winchester, pistola, sable y látigo y nos obligan a trabajar. También es obligatorio comprar en la proveeduría del Ingenio. Si compramos particularmente, la misma policía se encarga de quitarnos la provisiones y como castigo nos hacen trabajar gratis una semana. A veces nos llevan presos y nos dejan en los calabozos seis días sin comer. El kilogramo de azúcar -agregan- cuesta a los coyas sesenta ccenntavos en el mismo foco de producción, o sea a trece centavos mas que en cualquier otro punto del país, según los precios máximos. La yerba envasada cuesta dos pesos, el arroz un peso y un par de alpargatas dos pesos”. En ese momento, el Malón de la Paz se hallaba en Rosario. (La Razón – 11/07/1946).

El diario “Democracia” decía en su edición del 16 de julio que “cuando se haga el inventario de los héroes de la revolución habrá que nombrar a estos ciento setenta y cuatro aborígenes muy cerca de los obreros, de las mujeres y de los niños sacrificados por las oligarquías durante la campaña electoral. Caminar dos meses…. importa un sacrificio que no se puede comprender muy bien desde el confort de nuestra ciudad”. El 18 de julio arribaron a San Nicolás, trayendo desde Salta y Jujuy la protesta de la esclavitud. Allí recibieron impactantes muestras de adhesión de la población, que espontáneamente se acercó a los Galpones de la Aduana, donde los kollas se alojaron.

En su edición del 22 de julio de 1946, el diario “El Laborista” decía: “Estos indios trabajadores, mansos y sufridos, vienen a protestar contra su patrón, contra el señor feudal dueño de vidas y haciendas de su provincia. Este señor feudal se llama Robustiano Patrón Costas y estuvo a punto de ser presidente de la República…. ocupa la tierra de los coyas y desaloja a los pobres indios de donde han vivido desde siglos, y nadie le puede decir nada. Los toma a trabajar en su ingenio y les paga lo que quiere. Si encuentran que las condiciones del ingenio son demasiado duras se escapan antes de cumplir con su contrato, la policía particular de Patrón Costa los persigue como si fuera caza mayor y los balea y mata si es necesario”.

Entraron a la Capital Federal por Liniers el 3 de agosto de 1946, con rumbo a la Plaza de Mayo. Fueron recibidos por el Director de “Protección al Aborigen” y alojados en el “Hotel de Inmigrantes”, todo un símbolo de lo que el Estado Argentino entendía eran estos indígenas.

Algunos de ellos montados en burro, a caballo y la mayoría a pié llegó hasta el Congreso, rodeados por hombres mujeres y niños de la europea Buenos Aires. Allí fueron homenajeados por el Congreso de la Nación. Poco después reanudaron la marcha rumbo a la Plaza de Mayo. Desde los balcones de la Casa de Gobierno los recibieron Farrel, Perón y otros funcionarios. Frente a ese balcón desfiló el Malón de la Paz ejecutando música andina. Después de ese acto, fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes donde fueron visitados por el propio Perón. Recibieron adhesiones de la Federación de Obreros y Empleados telefónicos. Ese día, elementos “nacionalistas” pretendieron provocar incidentes, siendo repudiados por el público que concurrió a recibir al Malón de la Paz.

El 15 de agosto, la revista “Aquí Está” reportea a los hermano kollas “Uno no puede pelear sin llevar todo lo suyo atado… perdone señora…. es la miseria que grita!”.

EL VERDADERO ROSTRO DE UN ESTADO

Cuando se fueron los fotógrafos y las fiestas de recepción se apagaron, el Estado Argentino mostró su verdadero rostro. El 27 de agosto este decidió el regreso de los kollas. Fuerzas de la Prefectura, obligaron a los indígenas a embarcarse en un tren por orden del gobierno. Dionisio Viviano, diputado kolla por Jujuy interpone un recurso de hábeas corpus. Los kollas resisten. A medianoche llega al Hotel de Inmigrantes la Policía Federal, arrojando gases lacrimógenos, mientras los indígenas resisten al grito de “Perón, Perón!”. Al ser subidos al tren rompen las ventanillas, pidiendo que venga el teniente Bertonasco. Teobaldo Flores y Exaltación Flores , lideres de los kollas de Oran se arrojan del tren. Querían ver a Bertonasco, quien se fue del Hotel de Inmigrantes negándose a dar la orden de partida. También se arrojaron del tren Ciriaco Condorí y otros, quienes se reunieron con Bertonasco y el diputado Dionisio para iniciar una serie de gestiones, abrazándose en llanto.

Al llegar el tren a la ciudades de Rosario y Córdoba, fue rodeado por la policía para impedir que los kollas bajen del ferrocarril. El 30 de agosto, Bertonasco envía un telegrama a Perón, negando que el buscara cargo político alguno, y reafirmando su lucha en favor de los indígenas para terminar con su explotación milenaria. La prensa porteña lo acusó de ambiciones políticas, en virtud de un sobre lacrado entregado por los kollas a Perón en el que se pedía la intervención de la Dirección de Protección al Aborigen.

El 30 de agosto, la Corte Suprema de la Nación rechaza el recurso de habeas corpus presentado por Dionisio Viviano, por “no corresponder originariamente al la Corte intervenir en el mismo”.

El Sindicato de Obreros Marroquineros repudia los hechos mediante un comunicado donde expresa que “Nosotros los marroquineros, como todos los obreros y el pueblo, estábamos seguros de que había llegado el fin del despotismo de los negreros del norte. Alentamos a estos parias desamparados, los recibimos con abrazos y alimentos para que lleguen a la meta. Llegaron y, que pasó? No lo podemos concebir: cien policías a la una y treinta de la madrugada a empellones los fletaron. Los obreros queremos saber inmediatamente quien tiene la culpa, quienes fueron los traidores a nuestros campesinos”.

El 3 de septiembre el tren pasa por Jujuy sin detenerse. Los kollas son “custodiados” por 25 agentes de la Policía Federal.

El 2 de octubre el hermano kolla Teófilo Gonza declara al diario Critica: “Nosotros estábamos muy creídos que con este gobierno todo acabaría. Nos decían que nos van a entregar las tierras de nuestro pasado. El señor Tanco vino a las fincas el 8 de febrero, pocos días antes de la elección, con el señor Iturbe. Ahora uno es senador y el otro gobernador. Nosotros pusimos los votos. Pero ya no nos atiende”.

El 30 de noviembre, Perón declara que los integrantes del Malón de la Paz “no representaban las inquietudes ni las aspiraciones de los auténticos habitantes indígenas de nuestro norte”. Dijo que el Congreso sancionaría una ley que contemple las necesidades de los indígenas. Negó inclusive que hayan venido caminando, sino que vinieron, según el, en trenes y algunos vehículos a motor. Algunos de esos kollas, en su particular versión de los hechos, habían nacido en el norte de la provincia de Buenos Aires, y en general, no querían regresar a su tierra, “explotando los perfiles pintorescos de su viaje y de su vestimenta”. (Diario Democracia).

LAS CONSECUENCIAS DEL MALON DE LA PAZ AL FIN DEL MILENIO


En los 54 años que pasaron desde el Malón de la Paz, muchas cosas ocurrieron y, salvo en un caso, el de Finca Santiago en Salta, la lucha continúa.

En 1994, el Congreso Nacional sancionó la ley 24.242 de expropiación de Finca Santiago, llamada también Negra Muerta, con una extensión de 125.000 hectáreas, habitada hermanos kollas en sus ayllús de Colanzuli, Volcán Higueras, Isla de de Cañas y Río Cortaderas, con una población de aproximadamente 4.000 indígenas. En 1996, los “propietarios” de la finca, ante la inminencia del inicio del Juicio expropiatorio, procedieron a deforestar salvajemente la selva de yungas del lugar mediante un contrato con una firma maderera de Oran que depredó un bosque de cedros de 300 años. La comunidad impidió la salida de la madera de la finca, sentándose frente a los camiones las mujeres con sus guaguas en la espalda.

En octubre de ese año, se produjo la expropiación, recibiendo la Comunidad Indígena del Pueblo Kolla de Finca Santiago la restitución de su territorio el 19 de marzo de 1997 en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno en Buenos Aires, con la presencia de numerosos dirigentes indígenas de todo el país. A ese acto concurrió Buenaventura Yurquina, sobreviviente del Malón de la Paz, quien en la ocasión expresó: “Del año 1946 regreso un Malón de la Paz con direcciones de Humahuaca con el teniente retirado Bertonasco pensando en llegar hasta la Capital Federal de Buenos Aires a reclamar nuestras tierras, porque esas tierras eran de los kollas indígenas, eso es lo que opinamos nosotros. Y luego los kollas de Finca Santiago y el teniente Bertonasco se hemos juntado en Humahuaca y todos juntos caminados por la ruta a pie, un mes hasta llegar a la Capital y luego el teniente Bertonasco nos presentó al Gobernador y el nos redacto que no hay expropiaciones de tierra y volvimos con la nada a la misma. Porque en la Finca Santiago los cobradores de arriendo para pagar los impuestos de los arriendos nos llevaban incomunicados sin poder hacer nada ni decir nada con el poncho al hombro y la camisa, directo al Ingenio San Martín sin poder llevar nada, entonces nosotros opinábamos volver a casa, algo en que dormir y que comer y llegando ahí, volvíamos algunos y ellos en el camino ponían pesquisas para que no podamos escapar y nos volvían a planquiar postes sin ganar un centavo. En 1997 llegamos a la Capital a instalar una historia histórica, daremos por terminado“.

El título de propiedad comunitaria de Finca Santiago fue finalmente entregado en el mes de diciembre de 1999.

También de Salta, la Finca San Andrés, de “propiedad ” del Ingenio y Refinería San Martín del Tabacal, sabe de luchas. De un total de 129.000 hectáreas que constituye su territorio tradicional, por la ley nacional se expropiaron 19.000 hectáreas, cuyo juicio se encuentra en trámite en el Juzgado Federal Nº 2 de Salta. En 1986 los Patrón Costa donaron a la provincia de Salta 80.000 hectáreas de Puna. La donación no fue un acto altruista: se pretendía desalojar a las comunidades del sector de selva de yungas, arrojándolos a la zona alta de la finca. Ello hubiera provocado su desaparición como comunidad. Hoy la Ingenio se encuentra en juicio de revocación de esa donación realizada en su momento para ser destinada a las comunidades kollas del lugar, agrupadas en la Comunidad Kolla Tinkunaku. Además se encuentran en discusión aproximadamente 30.000 hectáreas de selva de yungas. En 1997 un gasoducto (Nor Andino) atravesó el territorio comunitario destruyendo casas y sembradíos comunitarios, y produciendo el deslave de los cerros.

En Jujuy… estamos casi al principio del camino. Por ley nacional se expropiaron 24.000 hectáreas de la Finca Tumbaya, restituyéndoselas a la Comunidad Aborigen Kolla de Finca Tumbaya, cuyos juicios expropiatorios se encuentran en trámite en el Juzgado Federal Nº 2 de San Salvador de Jujuy. Pero el resto de 1.500.000 hectáreas de tierras indígenas de la Quebrada y Puna continúan con tironeo producto de la falta de compromiso de la clase política por hacer justicia a las comunidades indígenas y al Malón de la Paz. En 1996 se suscribió un convenio entre la Provincia de Jujuy y la ex Secretaría de Desarrollo Social de la Nación destinado a regularización de títulos en la provincia. La legislatura jujeña aprobó ese acuerdo mediante la ley 5030, pero incluyó el artículo 3º que impuso a aquellas comunidades que reclamen un título comunitario , el obtener en cada caso, una ley especial de la legislatura aprobando tal título. Esto hubiera llevado a las comunidades a un peregrinaje ante los diputados provinciales para mendigar una ley que reconozca lo que por derecho les corresponde.


La esperanza para los indígenas jujeños parece renacer con la firma de un protocolo adicional al PROGRAMA DE REGULARIZACION DE TIERRAS DE LA QUEBRADA, PUNA Y RAMAL, en diciembre de 2000 que creó un CONSEJO DE PARTICIPACION INDIGENA con facultades de auditoria y control de la actividad estatal en la ejecución del programa de tierras. Además incluyo a los hermanos del pueblo Ava Guaraní del Ramal jujeño, aunque tibiamente. Estos hermanos casi en ningún caso poseen tierras y se encuentran hacinados en la periferia de las ciudades jujeñas.

La lucha y la esperanza de los caminantes de aquel MALON DE LA PAZ sigue en marcha, porque los pueblos siempre están, los pueblos siempre vuelven.

Comuníquese con los autores: equipo@pueblosindigenas.net

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